Siyanda Pasiwe, que a sus 32 años ya volvia a su casa totalmente pasado etilicamente, no encontró nada mejor que pasar por el museo local de una ciudad del oeste de Londres para encontrar algo de refugio. No obstante, no fue grata su sorpresa cuando, en modalidad primate y bajo una capacidad de reacción casi nula, se dio cuenta que su empeñoso intento por subir a un árbol para pasar por alto la reja del edificio no había dado los frutos que él andaba buscando. Con un caño enterrado por todo su recto y con un montón de sangre escapando desde sus cavidades más íntimas, Siyanda Pasiwe comentó que estaba tan borracho que no sintió nada durante las dos horas que posó como una estatua viviente , sólo sintió una suave corriente eléctrica que le corría por la espalda.







