Poncho, todo un procer



Aunque San Martín, O’Higgins y Lenin jamás pusieron un pie sobre tierras antárticas, en el continente asoman tres bustos que homenajean a estos tres padres de tres patrias. Sin embargo, hay quienes hicieron grandes proezas sobre el desierto de hielo sin recibir siquiera un apellido.

 

Tal es el caso de Poncho, nacido en base Esperanza el 10 de abril de 1961, hijo de Coca y Flecha, dos huskies de pedigree. A los 6 meses, el joven Poncho ya tiraba de un trineo y no pasó mucho hasta que su talento y don de mando lo colocaron al frente de su primer equipo como perro guía. Su instructor fue el Teniente Oscar Sosa, quien mediante órdenes precisas en inuktitut, la lengua esquimal, logró un rápido entendimiento con el cánido.

“Recuerdo que me ponía un cinturón grueso (de los que se usan para que el hombre traccione el trineo) y de este cinturón un tramo de tiradera de unos 15 metros, atado al cuello de Poncho. Al collar y no a un arnés, porque la fuerza de estos perros – que pueden arrastrar cada uno 30/40 Kg. durante 30/40 kilómetros por día – es tal que cansan a cualquiera. Al decir ¡auk! tiraba hacia la derecha del tramo de tiradera y al decir ¡grrr! tiraba a la izquierda. A la semana ya entendía perfectamente…”

En su abultado currículum de travesías antárticas se destacan la expedición terrestre Esperanza-San Martín del ’62 a cargo del Teniente Gustavo Giró Tapper y la Operación 90° al Polo Sur liderada por el General Jorge Leal. Pero sus laureles de héroe se los ganó rescatando a cuatro pasajeros de una avioneta accidentada.

Se habían intentado sin éxito todos los medios de rescate por aire y con tractores, sin embargo fue la patrulla de Poncho la única que, tras sortear peligrosas zonas de grietas de 300 metros de profundidad, logró llegar hasta los cuatro hambrientos y heridos accidentados. Se había confiado en la capacidad de este líder para detenerse ante el peligro, alertar a la patrulla, y evitar que hombres y trineo cayeran en las grietas ocultas por la nieve.

La expedición destinada a llevar la bandera argentina hasta el Polo Sur demandó todavía mayores esfuerzos: Poncho recorrió aquel año más de 3.000 kilómetros, saltó desde un avión en paracaídas y llevó auxilio a una patrulla perdida.

Así, mientras algunos pichichos apenas saben dar la patita, Poncho escribió parte de la historia nacional sobre la nieve antártica con sus poderosas patas. Marche aquí un breve pero solemne homenaje.


Comentarios